Lástima que el premio Nóbel no pueda darse póstumamente, porque sin duda alguna la persona que más se lo merece ya pertence a los anales de la historia, pero lo más curioso es que nadie sabe de ella y los que supieron descansan ya hace algunos años... Sí... hace ya millones de años.
Sólo Dios conoce el momento y el lugar en el que un antecesor nuestro hiló unos gémidos ilógicos que se convirtieron en el mayor invento de la humanidad: la palabra.
Por ella actuamos, por ella sentimos, por ella somos lo que somos, por ella incluso vivimos. Tan sólo vino a nosotros y nos enseñó todo su poder.
Ella nos convence y nos persuade, del mismo modo que nos desalenta y nos disuade. La realización de infinidad de nuestros actos proviene de ella, y si no lo creen fíjense en el poder de un gracias, ella sóla consigue verdaderas hazañas.
También nos evoca sensaciones de motivacion, de amor, de pasión, de confianza, pero también de impotencia y frustración, de odio, de tristeza y de rabia. Con ella caemos en el amor con un simple te quiero, y en los delirios de la pasión con un te amo, pero tal es su poder que se moldea de tal manera que es capaz de inculcarnos sentimientos totalmente opuestos. Tan sólo cambiando algunas letras, y lo que despertó el amor con ese te quiero, ahora lo hace el odio con un te detesto, la frustración con un no estás capacitado o la tristeza con un no vales nada. Simplemente magnífico.
Ella nos ha criado. Unos fueron criados bajo palabras como respeto, igualdad, justicia, amor, cortesía o urbanidad, y otros bajo sus antónimos. A simple vista parece que lo único que difiere de cada camino son las palabras que te acompañaron por él, pero en la meta se apreciará la senda recorrida, y cada uno se habrá convertido en las consecuencias del trayecto que eligió: uno valdrá como persona y otro no. No hace falta decir que esta situación ocurrirá en general, porque siempre hay excepciones.
La palabra es un arma y un bálsamo, con ella damos nuestro cariño y calor, con ella causamos heridas que jamás cicatrizan, también con ella podemos sacar a corazones inmersos en la tristeza más profunda, e incluso podemos matar un corazón y dejar el cuerpo en vida como cruel tórtura.
Es impresionante, tanto que sin ella este texto quedaría desprovisto de sentido, y si les ha gustado este fragmento no me lo agradezcan a mi, agradezcanselo a la palabra, ella es quien lo ha escrito.
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